Edición Abril

Edición Abril

Conversaciones de Coaching y Miedos

Como dice Pilar Jericó “El coronavirus nos ha superado a todos. Nos enfrentamos a emociones incómodas, nos agobia el miedo, nos estremece escuchar a los sanitarios informando de las situaciones que viven, y no parece que las cosas vayan a mejorar en el corto plazo. Sin embargo, existe una verdad incuestionable: todo pasa. El coronavirus también. Como ha sucedido con otras pandemias o en otras situaciones difíciles que hemos vivido.”

 

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En muchas conversaciones de coaching, noto que las personas siempre tienen ganas de alcanzar un logro y al mismo tiempo mencionan que los paraliza el miedo que sienten para lograrlo. El miedo, tal y como lo define la real academia es una “perturbación del ánimo que se presenta cuando la persona se enfrenta a situaciones de peligro, sean estas de carácter real o imaginario”.

Yo lo entiendo como una dicotomía entre llegar a aquello que sueña y desea el consultante y el miedo que lo paraliza para alcanzarlo. Lo importante es saber que esos miedos están en su mente, son miedos a aspectos irreales, inventos propios de su mente y que sólo están allí, conformado por su propio modelo mental de ver el mundo.

En el caso de este momento que estamos viviendo del COVID 19, el miedo es originado por un hecho real pero al haber tanta información puede generar en muchas personas nuevos estados de ansiedad; creemos que la persona cuenta hoy con los recursos para su propio cuidado, aunque sabemos que la información que afecta a la mente, es aquella que intoxica y si la persona no cuenta con los recursos necesarios o no los distingue dentro de sí, aparecerá el miedo aunque se encuentre encerrado y sin contacto alguno con el exterior. Es aquí donde el coach contiene, acompaña, trabaja en el distinguir de su consultante para que visualice primero sus propios miedos, diferenciando los reales de los creados, verificando si existen en realidad y principalmente en lograr que el consultante salga con un panorama aclarado de su situación, reconociendo “el para qué” a través de la sesión de coaching.

Según Norberto Levy, “el miedo es una valiosísima señal que indica una desproporción entre la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos con que contamos para resolverla. Sin embargo, nuestra confusión e ignorancia lo han convertido en una “emoción negativa” y debe ser eliminada para nuestro avance.”

En inteligencia emocional, sabemos que uno de sus componentes, es el autoconocimiento; al reconocer los propios miedos y aquellos aspectos que los pueden provocar, uno se prepara y condiciona porque sabe qué es aquello que dispara ese temor. Por ejemplo, al ver una rata, muchos podrán enfrentarla y otros saldrán corriendo. Al saber cómo vamos a reaccionar, es un signo positivo; se trata de conocer nuestro cuerpo y su probable respuesta.

Entre los pasos a considerar en las conversaciones de coaching, se trata de despejar espacios de ceguera; y eso se logra con tomar conciencia, gestionar los pensamientos limitadores, sentir y actuar sobre eso que lo impide, reconocerlo y avanzar. Para eliminar el miedo es importante comprender cuáles son sus bases, qué lo causa y por qué viene a nuestras vidas; es decir, es necesario tomar conciencia que vivimos y actuamos movidos por el miedo.

Una vez identificado desde donde actuamos y vivimos; una vez conocidas las necesidades y creencias que sustentan nuestros hábitos de actuación, es necesario actuar para modificar el patrón de pensamiento que sostienen nuestros miedos y nos impide generar acciones alternativas. Eso implica muchas veces desarmar el contenido emocional y corporal que tiene para nosotros. Implica ayudar al consultante a localizar qué provoca esas sensaciones físicas del miedo para que pueda volver a fluir. El coaching se dirige a resultados; y lo logra aprovechando la propia reflexión, darse cuenta de qué provoca ese miedo en nosotros y estimula a la persona para que una vez reconocido el qué y el para qué pueda pasar a la acción. La acción implica en muchos casos soltar amarras. Ese soltar es un despegarse de aquellas creencias, costumbres y pensamientos, que quizá sirvieron en su momento pero que ya no sirven, porque nos impiden crecer.

Otro aspecto que menciona Pilar Jericó, sobre el miedo y que lo rescato es pensar en aquello “¿Qué nos va a pasar?” Esta es la emoción más profunda y paralizante que existe. Hay un miedo sano, que es la prudencia, que nos obliga a protegernos y a quedarnos en casa. Y existe otro, el miedo tóxico, que nos lleva a la histeria colectiva, a las compras compulsivas o a no dormir por las noches. El miedo es otra fase que tenemos que transitar rápidamente. Es inútil dejarse vencer por la emoción, que en muchas ocasiones llega a ser más contagiosa que la propia enfermedad. Posiblemente, porque nos daña profundamente y nos vacía de la posibilidad de afrontar la crisis desde la mentalidad positiva del cambio, el sentido común y la fuerza.”

Por todo lo expuesto, sólo con el trabajo con el conocimiento de nuestro mundo interior, descubrir quien somos realmente, es el mejor freno al miedo. Saber qué necesitamos, qué deseamos y cómo alcanzarlo forma parte de nuestro camino. Cuando conectamos con nuestro Yo, generamos la posibilidad de actuar desde una posición auténtica y caminar hacia aquel objetivo que nos brindará felicidad.

Día del Coach 

En este nuestro día, las palabras más acertadas para representar nuestro gran trabajo con las personas, las comunidades y la sociedad son las de José Ortega y Gasset.  Feliz día del Coach Ontológico!!

“Quien quierEdición Abrila enseñarnos la verdad que no nos la diga. Que nos sitúe de tal modo que la podamos descubrir nosotros mismos”.